Todo lo que debes saber de las Enfermedades Diarreicas Agudas (EDA)
Identifica signos y síntomas de las Enfermedades Diarreicas Agudas con EPS Famisanar, además de consejos prácticos para proteger a los menores de 5 años.
El hijo de Valentina está en esa edad en la que el mundo se prueba con la boca. El control remoto, el piso y el perro. Todo pasa por las manos y de ahí a los labios. En casa lo leen como parte del crecimiento, pero afuera, en cambio, circula otra cosa: bacterias, virus y parásitos. En ese cruce empieza el riesgo de las Enfermedades Diarreicas Agudas, EDA.
¿Qué son y cómo se manifiestan?
Son cuadros frecuentes en la infancia y, aunque muchas veces se resuelven sin complicaciones, pueden escalar si no se reconocen a tiempo. Se manifiestan con evacuaciones líquidas y repetidas, a veces con sangre o moco. Pueden aparecer vómitos y fiebre. Detrás hay múltiples agentes. Entre las bacterias se encuentran Escherichia coli en sus diferentes variantes, Campylobacter jejuni, Salmonella, Shigella, Yersinia enterocolitica, Clostridium difficile y Vibrio cholerae. También intervienen virus como Rotavirus y Enterovirus.
En otros casos, la causa puede ser un parásito como Giardia lamblia, Entamoeba histolytica o Cryptosporidium. Incluso existen episodios no infecciosos, asociados a intolerancias alimentarias o al uso inadecuado de medicamentos.
Desde el punto de vista clínico, la diarrea se clasifica por el tiempo que dura. Se considera aguda cuando no supera 7 días. Prolongada cuando va de 7 a 14. Persistente si se extiende hasta 30 días y crónica cuando sobrepasa ese periodo. Pero más allá de esa clasificación, hay dos variables que definen el riesgo. El estado de hidratación del niño y las características de las deposiciones. En menores de 5 años, sobre todo en contextos de desnutrición, el deterioro puede ser rápido.
Riesgos y señales que no conviene ignorar
Hay condiciones que aumentan la probabilidad de enfermar, como por ejemplo, la suspensión temprana de la lactancia materna; el consumo de agua contaminada; la convivencia con personas con diarrea; los entornos con saneamiento deficiente. A esto se suman factores sociales. La falta de información y las dificultades de acceso a servicios básicos.
También hay señales que exigen atención inmediata. Por ejemplo, los menores de 3 meses, por su edad, tienen mayor riesgo, por eso hay que revisar si tiene inflamación en piernas; diarrea persistente; bajo peso para la talla; antecedentes de hospitalización por esta causa o infecciones asociadas como neumonía o infecciones urinarias son indicadores de alerta. Y súmale a eso la deshidratación, que puede avanzar en pocas horas.
Y es que en este punto el cuerpo da varios avisos, como lo son: boca seca; ojos hundidos; poca orina; fiebre alta y somnolencia. Además de deposiciones muy frecuentes o vómitos repetidos; presencia de sangre o moco en las heces; abdomen distendido, entre otros. Por eso, no conviene esperar a que cedan solos. Hay que consultar a tiempo al médico para intervenir antes de que el cuadro se complique. o riesgo de mortalidad, asociados a riesgo de infecciones severas, deshidratación, falla cardiaca y deficiencia de vitaminas y minerales.
Prevención y manejo en casa
La prevención empieza en la casa y en gestos simples, como, lavarse las manos antes de preparar alimentos y después de cambiar pañales; usar agua segura o hervirla; cocinar bien los alimentos y evitar los crudos; mantener separados los alimentos cocinados de los crudos; cubrir la comida; disponer correctamente basuras y pañales; limpiar superficies y objetos que el niño toca a diario.
Cuando la enfermedad aparece, la alimentación no se suspende. La leche materna continúa. Los alimentos deben ser sencillos y bien preparados, con énfasis en carbohidratos y proteínas. El agua debe ser segura. Conviene evitar bebidas industriales y no usar medicamentos sin indicación médica. Muchos de estos cuadros tienen origen viral y no requieren antibióticos.
Prácticas que hay que evitar
Las dietas restrictivas en menores de 5 años, las bebidas azucaradas, la suspensión de la leche sin orientación profesional, la automedicación. Cada una puede agravar la situación.
Ahora, es necesario que los menores tengan la vacuna contra Rotavirus, que reduce el riesgo de enfermedades diarreicas agudas graves. A esto se le suma mantener los controles de crecimiento y desarrollo, que permite detectar a tiempo cualquier alteración. Si pese a las medidas el niño no mejora o aparecen signos de alarma, la indicación es directa: acudir al médico.
¡La salud de los más pequeños es nuestra prioridad!